Lo esencial de este artículo
  • ¿Qué es la nucleoplastia percutánea?
  • ¿Cómo funciona el mecanismo de coblación?
  • ¿Para qué pacientes está pensada?
  • ¿Qué dice la evidencia científica?
  • Riesgos y alternativas

01 ¿Qué es la nucleoplastia percutánea?

La nucleoplastia percutánea es un procedimiento mínimamente invasivo — realizado a través de una aguja, sin incisión abierta — que utiliza tecnología de coblación, energía de radiofrecuencia bipolar de baja temperatura, para retirar una pequeña cantidad de tejido del núcleo pulposo, la parte central y gelatinosa del disco intervertebral.

Desciende de una línea de procedimientos percutáneos de columna: la nucleotomía por aspiración de Hijikata en los años setenta y la discectomía con sonda de aspiración de Onik en los ochenta (Hijikata, 1975; Onik et al., 1985), y los abordajes posterolaterales percutáneos descritos por Kambin en esa misma época (Kambin & Brager, 1987; Kambin & Schaffer, 1989). También comparte objetivo con la quimionucleólisis enzimática, usada desde los años sesenta (Smith, 1964; Brown, 1996): reducir el volumen del disco para aliviar la presión sobre la raíz nerviosa.

El objetivo no es «quitar la hernia» en el sentido de extraer el fragmento herniado, sino reducir la presión intradiscal. En hernias contenidas —donde el anillo fibroso externo sigue íntegro—, bajar esa presión favorece que el material protruido se retraiga parcialmente, disminuyendo la compresión sobre la raíz nerviosa.

Dato clave

La nucleoplastia no extrae material discal por la fuerza: baja la presión interna del disco para que una hernia contenida se retraiga por sí sola.

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«Coblación» es la contracción de controlled ablation (ablación controlada). A diferencia del electrocauterio tradicional, no funciona por calor. La punta del electrodo se coloca en un medio conductor (típicamente suero salino), y la energía de radiofrecuencia excita los iones de ese líquido hasta formar una fina capa de plasma ionizado alrededor de la punta. Ese plasma tiene suficiente energía para romper directamente los enlaces moleculares del tejido blando —lo disuelve, en esencia— sin necesidad de alcanzar temperaturas altas. Es la misma tecnología de base que se usa en otorrinolaringología (amigdalectomía) y en artroscopia ortopédica; su uso en nucleoplastia percutánea de disco es una adaptación de ese mismo principio.

CoblaciónElectrocauterio tradicional
Temperatura~40–70°C>100°C
MecanismoRuptura molecular por plasmaQuemado por calor
Daño a tejido vecinoMínimoMayor difusión térmica

La coblación no quema el tejido como el electrocauterio tradicional. Genera un campo de plasma de baja temperatura —típicamente 40–70°C— alrededor de la punta del electrodo, que rompe enlaces moleculares del tejido blando con mínima difusión de calor a estructuras vecinas, según mediciones directas en columna cadavérica (Nau & Diederich, 2004).

Estudios en cadáveres humanos han medido una reducción cuantificable de la presión intradiscal a partir de este proceso (Chen et al., 2003a). Estudios histológicos en modelos animales confirman una ablación controlada del núcleo pulposo sin daño térmico extenso al platillo vertebral ni al anillo fibroso (Chen et al., 2003b; Lee et al., 2003). Modelos animales adicionales muestran una reducción de marcadores inflamatorios locales —fosfolipasa A2 e IL-1β— dentro del disco tratado (Xu et al., 2016; Ren et al., 2015), y estudios biomecánicos en modelo porcino documentan el efecto del calentamiento sobre las propiedades del disco (Wang et al., 2005; O'Neill et al., 2004).

La nucleoplastia tiene sentido clínico solo en un perfil específico de paciente, definido según los criterios de clasificación y nomenclatura discal estandarizados (Fardon & Milette, 2001; Fardon et al., 2014).

  • Una hernia discal contenida (el anillo fibroso externo no está roto), confirmada por resonancia magnética.
  • Dolor radicular (ciática), con o sin componente de dolor lumbar discogénico, atribuible a esa hernia.
  • Fracaso de al menos 6 a 8 semanas de tratamiento conservador.
  • Ausencia de déficit neurológico progresivo, síndrome de cauda equina o estenosis ósea significativa del canal.
No es candidato
  • Hernia extruida o secuestrada.
  • Altura discal muy reducida.
  • Estenosis del canal por causas óseas (Fardon & Milette, 2001; Fardon et al., 2014; Postacchini, 1999).
  • Series de casos con seguimiento de 1-2 años reportan mejoría significativa en pacientes bien seleccionados (Singh et al., 2002; Mirzai et al., 2007; Yakovlev et al., 2007; Kasch et al., 2012; Shabat et al., 2012; Azzazi et al., 2011).
  • Series adicionales con distintas variantes técnicas (Dekompressor, un vs. dos accesos, seguimiento por volumetría con RM de campo ultra-alto) muestran resultados en la misma dirección, aunque mayormente observacionales (Karaman et al., 2011; Zhu et al., 2011; Sinan et al., 2011; Lemcke et al., 2010; Bokov et al., 2010).
  • Revisiones sistemáticas y metaanálisis concluyen que la calidad metodológica disponible es limitada — pocos ensayos aleatorizados, muestras pequeñas, sin grupo placebo verdadero en la mayoría (Gerges et al., 2010; Eichen et al., 2014).
  • La revisión sistemática de Manchikanti et al. calificó la evidencia como de nivel limitado para el alivio a corto y largo plazo, no como evidencia sólida de nivel I (Manchikanti et al., 2009).
  • El ensayo aleatorizado y controlado de mayor tamaño disponible comparó la nucleoplastia contra infiltraciones epidurales transforaminales guiadas por fluoroscopia en hernia discal lumbar contenida sintomática (Gerszten et al., 2010).
  • La revisión Cochrane sobre intervenciones quirúrgicas para hernia discal lumbar, que sintetiza la evidencia de cirugía abierta como comparador estándar, no incluye a la nucleoplastia entre las técnicas con evidencia quirúrgica consolidada (Gibson & Waddell, 2009).
  • Existen reportes de degeneración discal acelerada en casos donde el procedimiento no tuvo éxito clínico, lo cual subraya que no es un procedimiento sin consecuencias si se aplica al paciente equivocado (Cuellar et al., 2010).
  1. Ambulatorio, con sedación consciente y anestesia local, bajo guía fluoroscópica en tiempo real.
  2. Se introduce una aguja hasta el centro del disco por vía posterolateral, siguiendo la técnica descrita originalmente para la discectomía percutánea (Kambin & Brager, 1987; Kambin & Schaffer, 1989), evitando estructuras nerviosas.
  3. Se introduce el electrodo de coblación a través de la aguja, creando varios canales dentro del núcleo pulposo para reducir volumen y presión.
  4. Se retira el instrumental; no se requiere sutura más allá del sitio de punción.
  5. Observación breve, y el paciente generalmente regresa a casa el mismo día.

Al ser percutáneo, no hay una herida quirúrgica que cicatrizar en el sentido tradicional. La mayoría de los pacientes retoma actividades ligeras en pocos días, evitando esfuerzo lumbar significativo durante las primeras semanas según indicación médica.

La mejoría del dolor radicular no siempre es inmediata: en varios estudios el efecto clínico se consolida entre las semanas 4 y 6, y el resultado a mediano plazo (6-12 meses) es el que realmente determina si el procedimiento fue exitoso (Mirzai et al., 2007; Shabat et al., 2012).

Riesgos documentados
  • Fibrosis epidural documentada tras el procedimiento en algunos pacientes (Smuck et al., 2007).
  • Efectos secundarios y complicaciones descritos específicamente para la tecnología de coblación, incluyendo dolor transitorio en el sitio de punción.
  • Dolor persistente o sin mejoría si el paciente no cumplía el perfil de candidato ideal.
  • Degeneración discal acelerada en casos de fracaso del procedimiento (Cuellar et al., 2010).

La cirugía abierta de disco tiene sus propias tasas de complicaciones documentadas desde hace décadas (Stolke et al., 1989).

Técnica Mecanismo Evidencia disponible
Coblación (nucleoplastia) Plasma iónico de baja temperatura (~40-70°C) Series de casos a 1-2 años; revisiones sistemáticas la califican de calidad limitada
Láser (PLDD) Vaporización térmica por fibra óptica Uno de los métodos percutáneos más antiguos (desde los 80s); su propia revisión sistemática también califica la evidencia como limitada
Quimionucleólisis Enzima o gel de etanol disuelve el material del núcleo Técnica histórica desde los años 60; en gran parte abandonada por reacciones alérgicas
Mecánica (Dekompressor) Extracción física por tornillo helicoidal Comparada directamente contra coblación en un estudio, con resultados similares

Ningún ensayo aleatorizado ha comparado directamente coblación contra láser (Ohnmeiss et al., 1994; Nerubay et al., 1997) en la misma población de pacientes con seguimiento a largo plazo. Las revisiones sistemáticas de cada técnica por separado llegan a la misma conclusión (Singh et al., 2009): las series de casos reportan mejoría, pero la calidad metodológica es limitada en ambas, como también muestra una comparación directa contra el dispositivo mecánico Dekompressor (Lemcke et al., 2010). No hay evidencia sólida de que una sea superior a la otra.

Una nota sobre terminología

Algunas fuentes de radiología intervencionista usan el término «crioablación» para describir este mismo mecanismo basado en plasma — no frío real (Kelekis et al., 2010). No existe evidencia clínica de una técnica de frío verdadero (congelación) aplicada a reducir el volumen del núcleo pulposo; el frío sí se usa en columna para otro fin (crioneurólisis de faceta), pero es un procedimiento distinto para otra indicación.

Dependiendo del tipo de hernia y la evolución del paciente, otras rutas incluyen tratamiento conservador prolongado, infiltraciones epidurales o transforaminales guiadas por imagen como manejo intermedio del dolor radicular, y microdiscectomía abierta — el estándar quirúrgico tradicional para hernias extruidas o con déficit neurológico, con su propia base de evidencia sintetizada en revisiones Cochrane.

El único estudio diseñado específicamente para medir esto —una revisión retrospectiva a 10 años— encontró una tasa de reoperación del 18.7% en el nivel tratado, a pesar de una satisfacción del 63.5% de los pacientes poco después del procedimiento. El autor concluye explícitamente que las indicaciones de la nucleoplastia deben reconsiderarse críticamente.

Un estudio de cohorte independiente encontró una tasa general de reoperación del 11.4%, pero con una diferencia marcada según la extensión del tratamiento: 6.7% cuando solo se trató un nivel discal, frente a 23.3% cuando se trataron dos niveles en la misma sesión (Yin et al., 2021). Otras cohortes con selección de paciente menos estricta, citadas en esa misma literatura, reportan reoperación de hasta 51.9% — una dispersión lo bastante amplia por sí sola para mostrar cuánto cambia el resultado según la selección del paciente.

Sí, en los pacientes donde el procedimiento funciona —y los números están documentados. En un estudio prospectivo de 52 pacientes (Mirzai et al., 2007), la puntuación media de dolor en EVA bajó de 7.5 antes del procedimiento a 3.5 a las dos semanas y 2.1 al año, con una satisfacción del paciente de 81%, 85% y 88% en esos mismos intervalos.

La mejoría funcional sigue un patrón similar pero menos lineal. En un estudio con seguimiento a dos años (Zhu et al., 2011), el Índice de Discapacidad de Oswestry (ODI) mejoró de 68.2% antes del procedimiento a 28.6% a la semana —pero se regresó parcialmente a 35.8% al año y 39.4% a los dos años. Otro estudio (Karaman et al., 2011) encontró el mismo patrón: el ODI bajó marcadamente en las primeras semanas y luego repuntó gradualmente, llegando a 36.98% a los 24 meses. Esta regresión parcial con el tiempo es exactamente la razón por la que las revisiones sistemáticas describen la evidencia como limitada y no definitiva —la mejoría a corto plazo es real y medible, pero no siempre se mantiene en la misma magnitud años después.

Una reflexión final

Los resultados reportados en la literatura de nucleoplastia son notablemente variables — desde centros que reportan 88% de satisfacción del paciente (Mirzai et al., 2007) hasta cohortes donde más de la mitad eventualmente necesitó otra cirugía (Yin et al., 2021). Esa variabilidad no es aleatoria: sigue de cerca qué tan estricta fue la selección del paciente. Las series que se apegaron a hernias contenidas, duración adecuada de síntomas y criterios de imagen claros reportan los resultados resumidos arriba; las series con criterios más laxos son las que están detrás de las tasas de reoperación por encima del 50% (Klessinger, 2018).

Ese es el resumen honesto de esta técnica: puede ofrecer alivio real y medible en el paciente correcto, pero una proporción importante de pacientes —en algunas series publicadas, más de la mitad (Manchikanti et al., 2009)— termina necesitando cirugía de todas formas dentro de unos pocos años. Quien considere la nucleoplastia debería tomar los criterios de candidato de este artículo, no los porcentajes de mejor caso, como la parte que realmente determina el resultado.