Lo esencial de este artículo
  • ¿Qué es?
  • ¿Cómo se origina y en qué rangos de edad se presenta?
  • ¿Qué síntomas provoca?
  • ¿Cómo se diagnostica?
  • ¿Cuáles son las banderas rojas de una hernia cervical?

¿Le operaron de columna y el dolor regresó? Envíe sus estudios para una segunda opinión.

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Una hernia discal cervical es el desplazamiento de material del disco entre dos vértebras cervicales que produce síntomas neurológicos al comprimir una raíz nerviosa o, con menor frecuencia, la médula espinal misma. Los niveles más afectados son C5–C6 y C6–C7, los segmentos cervicales bajo mayor carga mecánica. A diferencia de las hernias lumbares, las cervicales se encuentran muy cerca de la médula espinal — a solo unos milímetros — por lo que requieren atención especial incluso cuando los síntomas son leves.

La hernia discal cervical es el resultado de tres factores que se acumulan: la deshidratación progresiva del disco (parte normal del envejecimiento), el microtrauma acumulado a lo largo de los años (cada movimiento de la cabeza añade desgaste) y factores de riesgo específicos — carga repetitiva del cuello, posturas mantenidas inadecuadas (muchas horas frente a la pantalla con el cuello flexionado), tabaquismo y deportes de contacto o impacto.

El rango de edad típico es de 30 a 60 años, con un pico entre los 40 y los 50. Es más temprano que la hernia discal lumbar en la mayoría de las series publicadas, lo cual tiene sentido biomecánico: la columna cervical carga el peso de la cabeza a través de un mayor rango de movimiento que la lumbar carga el tronco.

El síntoma cardinal es el dolor en el brazo siguiendo el trayecto de la raíz nerviosa afectada — radiculopatía cervical — y suele ser más intenso que el propio dolor de cuello. El dolor sigue un mapa reconocible: una hernia C6 refiere dolor al pulgar y al índice; una hernia C7 al dedo medio; una hernia C8 al anular y meñique.

Además del dolor, puede haber adormecimiento, hormigueos y pérdida de fuerza en grupos musculares específicos del brazo o la mano. Una pista clínica útil: el dolor suele empeorar con ciertas posiciones del cuello (extensión, rotación lateral hacia el lado doloroso) y mejora cuando el brazo descansa sobre la cabeza — el llamado signo de alivio por abducción del hombro, clásico de la radiculopatía cervical. Otros síntomas de alerta incluyen rigidez del cuello, cefaleas en la base del cráneo y — cuando hay afección medular (mielopatía) — alteraciones de la marcha, torpeza en las manos y dificultad para tareas finas como abotonar una camisa.

El diagnóstico comienza con una historia clínica cuidadosa y exploración física por un especialista de columna, incluyendo maniobras específicas como el test de Spurling (el examinador extiende y rota la cabeza del paciente hacia el lado doloroso aplicando una presión descendente suave — la reproducción del dolor en el brazo sugiere compresión radicular).

El estudio confirmatorio es una resonancia magnética cervical sin medio de contraste — la mejor modalidad de imagen para identificar la hernia, el nivel afectado y el grado de compresión neural. Las radiografías cervicales AP, laterales y dinámicas (flexo-extensión) permiten evaluar la alineación, el balance sagital y cualquier inestabilidad — son críticas porque influyen en qué cirugía es la adecuada.

Un matiz importante sobre la resonancia

La evidencia reciente muestra que el tipo o aspecto morfológico de la hernia en la resonancia no predice el resultado clínico. Lo que importa es la correlación clínico-radiológica — la conexión entre tus síntomas específicos, tu exploración física y lo que muestra la imagen — no la imagen aislada. Una resonancia de apariencia impactante en alguien con síntomas leves no es lo mismo que la misma resonancia en alguien con síntomas severos.

La mayoría de las hernias discales cervicales siguen un curso benigno. Pero un subgrupo pequeño puede presentar signos que sugieren compromiso de la médula espinal, y estos requieren evaluación inmediata, no esperar:

Banderas rojas cervicales · Busca atención de inmediato
  • Debilidad rápidamente progresiva en brazos o piernas.
  • Alteraciones de la marcha, caídas frecuentes o problemas de equilibrio que sugieran mielopatía.
  • Pérdida de la destreza fina de las manos — tirar objetos, dificultad para abotonar una camisa, escritura ilegible.
  • Pérdida del control de esfínteres urinario o intestinal, o adormecimiento perineal.
  • Dolor intenso tras un trauma reciente o latigazo — posible fractura o lesión inestable.

Las lesiones medulares no atendidas pueden ser irreversibles. Si reconoces alguno de estos signos, no es momento para una segunda opinión en dos semanas — es momento para una evaluación en urgencias hoy.

El tratamiento de primera línea para la mayoría de los pacientes es conservador — es decir, no quirúrgico. La historia natural de la radiculopatía cervical sin mielopatía es favorable: una proporción importante de los pacientes mejoran sustancialmente en semanas a meses con cuidado dirigido.

El tratamiento conservador incluye fisioterapia dirigida con ejercicio cervical activo — la evidencia reciente muestra que el ejercicio terapéutico supervisado produce cambios dinámicos medibles en el agujero intervertebral que descomprimen la raíz nerviosa en movimiento, no solo en reposo. También incluye analgésicos y antiinflamatorios, inmovilización cervical selectiva de corta duración (cuando el dolor lo justifica) y, en casos cuidadosamente seleccionados, infiltraciones guiadas por imagen.

Cuando el tratamiento conservador falla tras un ensayo razonable (típicamente 6 a 12 semanas en pacientes sin mielopatía), o cuando hay banderas rojas, existen tres opciones quirúrgicas:

ACDF
Discectomía y Fusión Cervical Anterior

El estándar histórico. A través de una pequeña incisión anterior en el cuello, se retira el disco afectado y se reemplaza con un espaciador intersomático fusionado a las vértebras adyacentes. Sacrifica el movimiento del nivel operado.

Fusión
CDA
Artroplastía Discal Cervical (Disco Artificial)

La alternativa anterior moderna que preserva movimiento. Mismo abordaje que ACDF, pero el disco se reemplaza con un disco artificial que permite al segmento seguir moviéndose.

Preserva movimiento
FCP
Foraminotomía Cervical Posterior

Alternativa posterior que preserva movimiento, especialmente para radiculopatía unilateral. Una pequeña incisión posterior; solo se retira la parte del hueso y ligamento que comprimen al nervio. Sin implante, sin fusión, sin collarín.

Preserva movimiento

No hay un tratamiento universalmente 'mejor'. La respuesta correcta depende de tu anatomía específica. Los tres factores que guían la decisión son: el balance sagital (¿la curva natural de tu cuello está preservada o se perdió?), el grado de degeneración discal (¿el disco está relativamente sano o extensamente degenerado y calcificado?) y la lateralidad de la radiculopatía (¿un solo lado o bilateral?).

Perfil del paciente
ACDF
CDA
FCP
Degeneración discal severa / hernia calcificada
Sí
No
No
Deformidad cifótica / pérdida de lordosis cervical
Sí
No
No
Balance sagital preservado + hernia blanda
Posible
Excelente
Si es unilateral
Radiculopatía unilateral + hernia foraminal
Posible
Posible
Excelente
Radiculopatía bilateral o mielopatía central
Sí
Casos seleccionados
No

Lo que la evidencia reciente dice de cada opción: en pacientes candidatos a artroplastía, varios metaanálisis que comparan CDA contra ACDF han mostrado mejor eficacia clínica y un perfil de seguridad más favorable con CDA, con ventajas medibles en la preservación de movimiento a largo plazo y en las tasas de reoperación. Para la radiculopatía cervical unilateral sin mielopatía, la foraminotomía cervical posterior (especialmente mínimamente invasiva o endoscópica) ha mostrado mayor mejoría en la escala VAS-brazo que la ACDF, con tasas comparables de complicaciones y reoperación. ACDF sigue siendo la respuesta correcta en muchos casos — pero los días en que era la única opción quedaron atrás.

Una pregunta frecuente — y la respuesta cambia significativamente según qué cirugía te hagan.

ACDF
4–6 wks
Collarín suave · protege fusión
CDA
1–2 wks
Solo confort · movimiento permitido
FCP
Ninguno
No requiere collarín

Tras ACDF, se usa típicamente un collarín cervical suave durante 4 a 6 semanas. La función del collarín es proteger la fusión durante el tiempo que necesita para consolidar biológicamente. Después de las 6 semanas, la mayoría de los pacientes puede retirar el collarín de manera progresiva.

Tras la artroplastía discal cervical (CDA), el collarín se usa típicamente solo 1 a 2 semanas y únicamente para confort. El disco artificial es funcional de inmediato, y el movimiento suave se promueve desde la primera semana — esto incluso ayuda a que los tejidos circundantes se adapten al implante.

Tras la foraminotomía cervical posterior no se requiere collarín. Esta es una de las ventajas más prácticas del procedimiento: como las estructuras óseas y ligamentarias que estabilizan el cuello quedan preservadas, no hay nada que necesite protección durante la cicatrización. Regresas al rango de movimiento normal esencialmente desde el primer día.

Las complicaciones específicas difieren según el abordaje. Conocerlas te ayuda a hacer las preguntas correctas en tu consulta.

Los procedimientos anteriores (ACDF y CDA) comparten riesgos específicos del abordaje: disfagia transitoria (la más común, alrededor de 1–10% en las primeras semanas, casi siempre se resuelve), ronquera transitoria por tracción del nervio laríngeo recurrente (menos del 3%), lesión esofágica (muy rara) y hematoma epidural. ACDF tiene además el riesgo a largo plazo de enfermedad del segmento adyacente — el nivel arriba o abajo de la fusión recibe carga extra y puede degenerar más rápido. La CDA se diseñó para mitigar este riesgo preservando el movimiento.

La foraminotomía cervical posterior puede presentar: neuropraxia transitoria, complicaciones de la herida, durotomía (fuga de LCR) y, raramente, parálisis de C5. La tasa de reoperación es comparable a la de ACDF en los metaanálisis publicados.

Las tasas globales de complicaciones son menores al 5% en manos experimentadas, y la mayoría de las complicaciones son transitorias y se resuelven favorablemente. Las complicaciones que más me preocupan no son las técnicas — son las evitables: operar a quien no necesitaba cirugía, o elegir el procedimiento equivocado para la anatomía.

Reflexión final

Si tu caso lo permite, prefiere los procedimientos mínimamente invasivos que preservan movilidad — la artroplastía cervical y la foraminotomía cervical posterior — sobre la fusión. El cuello está hecho para moverse; cada nivel fusionado es un nivel que tu cuerpo compensará en los segmentos superior e inferior, a veces durante décadas. ACDF sigue siendo la respuesta correcta en muchos escenarios anatómicos, pero no debería ser una opción por defecto elegida por costumbre o por comodidad del cirujano.

Y siempre prefiere la rehabilitación cuando sea posible. La mejor cirugía es la que tu caso no necesita. La mayoría de las radiculopatías cervicales sin mielopatía mejoran con terapia activa dirigida — ese es el lugar correcto para empezar, antes de hablar de implantes e incisiones.

Gracias por leerme.

Dr. Rodrigo Ávila Cervantes
Neurocirujano de Columna · FAANS · FCNS · Director CICOVE